¿Qué es disciplina?

¿En qué piensa usted al escuchar la palabra disciplina? Muchos padres de familia la relacionan con castigo y enojo.

Para los niños, tal vez esta sea la palabra menos deseable, porque al escucharla, la les evoca el recuerdo de un cinturón y dolor.

Tan solo pensar en la disciplina altera a los padres y los hijos, eleva la tensión y dificulta la manera de solucionar los problemas de conducta. Esto se debe, no precisamente a que sea inadecuado usar un correctivo físico, sino que cada vez, la línea entre el castigo adecuado y el maltrato es cada vez más borrosa.

Sin embargo, la palabra disciplina va mucho más allá de corregir a los hijos. En un sentido más amplio, esta palabra de origen latín, se refiere al método, la guía o el saber de una persona, sobre todo en lo referente a cuestiones morales, así también, a la formación de hábitos. Por ejemplo, si un niño desea ser atleta y algún día competir en los juegos olímpicos, debe disciplinarse lo antes posible, es decir, iniciar una serie de hábitos que le permitirán mejorar su rendimiento, tales como ir a entrenamiento, no ingerir alimentos de alto contenido calórico, tomar mucha agua, y establecer horarios para sus actividades. Si lo hace, podrá alcanzar ese objetivo. Los hábitos y las rutinas son esenciales para alcanzar las metas.

Es por ello que cuando se habla de autodisciplina en muchas ocasiones se identifica con éxito personal pues se establece que es la forma de lograr los sueños que tenemos. De esta manera, se establece que este tipo de disciplina propia se sustenta en una serie de principios o de reglas básicas como son la fuerza de voluntad, la persistencia, el trabajo duro, la aceptación y la laboriosidad. Elementos todos ellos que se convierten en la clave para establecer nuestra disciplina y, por tanto, para alcanzar los fines que nos hayamos marcado.
Al hablar de la disciplina en el ámbito conductual, entran en juego los valores y las actitudes del individuo, que permiten una convivencia armoniosa con todos los integrantes de la sociedad. Por supuesto, esto no se logra por casualidad, también requiere esfuerzo constante. En diferentes lugares, y a diferentes edades, se establecen normas y códigos que deben respetarse, como el uso de uniforme en la escuela, levantar la mano para hablar, pedir permiso para entrar o salir, el respeto a los mayores, entre otros.
La aplicación de todo lo antes mencionado favorece un desarrollo integral de los niños, que tendrá buenos resultados en su futuro a corto, mediano y largo plazo, a la hora de solicitar un empleo y mantenerse en él, porque mostrarán características deseables como la organización, la limpieza, el orden, responsabilidad y el respeto. Para ayudar a sus hijos a crear estos hábitos, no es necesario golpear, sino dar el ejemplo, acompañar lo que decimos con lo que hacemos. Si ellos ven la congruencia entre las palabras y los actos, ellos también se sentirán motivados a hacer lo mismo.

No obstante, hay ocasiones en que los niños no obedecen a las instrucciones que les dan los padres. El siguiente artículo abordará más a detalle este tema y brinda algunos consejos para minimizar esta tendencia; así también, cada artículo de esta serie completa explicará que la autodisciplina inicia en los padres y facilita el desarrollo de buenos hábitos en los niños, no solo en la escuela, sino también en otros campos de la vida diaria, como en la salud, es decir, la alimentación y la higiene; en el entretenimiento, y en el trato con los demás y su entorno. La aplicación de estas sugerencias reducirá la lucha de poder entre padres e hijos, para utilizar los correctivos físicos con menor frecuencia, a la vez que fortalece la relación con sus hijos.

 

Por Eduardo Menez.

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