Lectura para grado(s) 2
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Mamá tiene poderes

Hay mamás de muchos tipos, grandes, pequeñitas, platicadoras y otras medio raras como la mamá de mi amiga Luisa que huele a pantufla (nadie sabe por qué), o la mamá de mi mejor amigo, Edmundo, que trabaja tanto que sólo responde si le hablas por celular… Pero mi mamá es tan rara que les gana a todas, ella tiene superpoderes.


No lo dice, claro, es una identidad secreta, como la de todos los superhéroes. De día, mi mamá parece una mamá cualquiera y de noche, también, la verdad, pero no hay que fijarse sólo en la apariencia.


Seguro que cuando era niña la picó un insecto radioactivo o sufrió una descarga de rayos gamma o alguna de esas cosas extrañas que les pasa a los superhéroes, y de pronto se vuelven superelásticos, veloces o pueden mover una montaña con la puntita del dedo meñique, y sin nada de esfuerzo.


Una de las habilidades que tiene mi mamá es leer la mente.


Los superhéroes usan ese poder para detectar a los criminales; por ejemplo, pueden saber si un villano está disfrazado de monjita, o descubren si un maloso escondió una bomba y no quiere decir dónde. Mi mamá lee la mente, aunque usa ese poder para algo más práctico.

-Beto, ¿ya hiciste la tarea? -me pregunta cuando ve que estoy a punto de salir al parque con la bici.

-Ajá -digo muy serio.

Entonces ella me mira a los ojos, usa su poder, entra a mi cerebro, lo remueve y ¡zas! Dos segundos después, lanza un suspiro y dice:

-Ve ahora mismo a hacer la tarea, y cuando salgas ponte las rodilleras y el casco, y no me veas así… Estás pensando que soy una exagerada.

¿Cómo sabe todo eso? Un misterio. Sólo es posible si lee mi mente.


Otro de sus poderes es la vista de rayos x. Eso es algo muy común en los superhéroes; tienen una mirada potentísima que traspasa metal, edificios, casas y hasta personas; no se les escapa ningún detalle, como a mi mamá. Por ejemplo, cuando mi hermanito Memo sale de bañarse, mi mamá se concentra y seguro le salen rayos x de los ojos porque descubre lo que nadie más puede ver.

-Memo, no te tallaste detrás de las orejas, ¿verdad? -dice desde lejos-. Ni el cuello, y tampoco te quitaste la pelusa del ombligo.

Mi hermanito se queda callado porque sabe que es verdad. Entonces regresa a la regadera para tallarse bien. ¡¿Es posible ganarle a alguien con vista de rayos x?!


Pero el poder que más nos sorprende a mi hermano y a es el que tiene para adivinar el futuro.


Si yo tuviera ese poder lo usaría para saber si va a hacer erupción un volcán o si un meteoro amenaza con estrellarse contra la Tierra, estoy seguro que ganaría mucho dinero y sería famoso como adivino; pero mi mamá no tiene tiempo para salvar al mundo, está ocupada con nosotros.


Por ejemplo, el otro día, Memo y yo nos pusimos a jugar boliche en la sala y escuchamos que mi mamá gritó desde la cocina:

-¡Van a romper el jarrón de la abuela!

Yo pensé que eso era imposible porque yo juego bien al boliche, y tengo una puntería increíble; pero dos minutos después quién sabe cómo, se va la bola chueca y, ¡ploc! Pega directito en el jarrón de la abuela que cae al piso y se vuelve como un rompecabezas de cien mil piezas.

-¿Por qué nunca me hacen caso? -dijo mi mamá con un fatigado suspiro-. Sabía que iba a pasar.

Claro que sabía. Ella ve el futuro. Y así sabe cuando me voy a caer, si hago en la bici malabares sin las manos; adivina si voy a odiar la sopa de acelgas, hasta puede saber si mi papá se va a enfermar cuando estornuda.


Pero los poderes de mi mamá no son infalibles, porque todos los superhéroes tienen algo que se llama “némesis”, es decir, su archienemigo. A su lado, los superhéroes pierden todos sus poderes. El enemigo de mi mamá mide treinta centímetros, huele a tapete de baño y se llama “Rafles”: Es nuestro perro.

Mi papá lo compró para mi cumpleaños, y mi mamá, que ve el futuro, dijo: “Seguro yo voy a terminar cuidándolo”.

Y así fue, porque yo quiero mucho a Rafles, pero no me importa mucho si está limpio o sucio (y tampoco a él le importa), a veces se me olvida cambiarle el agua o dejarle la comida. Entonces mi mamá lo hace.

El problema es que Rafles se lleva muy mal con mi mamá. Una vez se le ocurrió masticar uno de sus zapatos, también le encanta morder un sillón de la sala y otra vez enterró en el jardín una calculadora (mi mamá es contadora). Rafles siempre está muy quitado de la pena, no le importa si lo observan con vista de rayos X.

-¡Ese perro me va a volver loca! -reconoce mi mamá, agotada.


Mi amiga Luisa dice que todas las mamás son iguales a la mía, pero no lo creo. Mi mamá tiene poderes, sólo con verme sabe si hice una travesura, si me fue mal en la escuela, o si estoy triste. Entonces me abraza y reconozco que resulta práctico tener una mamá así.


Mi mamá nunca ha dicho nada de sus poderes, pero eso se entiende, los superhéroes deben cuidar su identidad secreta.


Escrito por Jaime Alfonso Sandoval


 


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